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Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre.
Fatima, madre de Boabdil de Granada.

Juan II de Aragón y I de Navarra

Hijo de Fernando de Antequera y de Leonor de Alburquerque, representó a su padre, de 1415 a 1416, en el gobierno de Sicilia. También intervino, activamente, junto con su hermano Enrique (Marqués de Villena) contra el valido de Juan II de Castilla, Alvaro de Luna. A los veintidós años de edad se casó con Blanca de Navarra, lo que le convertiría en rey consorte de Navarra. Inmerso en los asuntos de Castilla, vivió ajeno, en un principio, a los problemas navarros.

En 1435, se trasladó a Italia para ayudar a su hermano, Alfonso V de Aragón, en la conquista de Nápoles. Regresó como lugarteniente del rey para ocuparse de la gobernación de Aragón y Cataluña. Al morir su esposa Blanca, se negó a entregar el reino a su hijo y legítimo heredero el príncipe Carlos, el Príncipe de Viana, al que nombró su lugarteniente en el reino de Navarra. Enfrentado, de nuevo, en una guerra contra Castilla, fue derrotado en Olmedo (1445), con lo que se puso fin a la influencia del partido aragonés en los asuntos castellanos.

En 1444, Juan contrajo nuevas nupcias con Juana Enríquez, hija de Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla y rival de Alvaro de Luna. Hijos de este segundo matrimonio fueron Fernando, Leonor, María y Juana; además tuvo numerosa descendencia en sus aventuras extramatrimoniales.

Juana Enríquez, mujer ambiciosa e indomable que dominaba a su padre, le utilizaba para espiar e influir en los asuntos de Castilla. Alvaro de Luna, harto de la injerencia aragonesa, invadió Navarra, aliándose con el príncipe Carlos contra su padre, que a su vez buscó el apoyo de Enrique, heredero de Juan II de Castilla. Esto provocó la guerra civil entre los nobles partidarios de Carlos, Beaumonteses, y los partidarios de Juan de Aragón, Agramonteses, dos bandos que se odiaban.

Carlos fue derrotado en Aybar y hecho prisionero, en 1452. Juana Enríquez, en avanzado estado de gestación, abandonó Estella y se trasladó a Aragón, donde dio a luz a su hijo Fernando. Decidida a que su hijo fuera el futuro rey de Aragón, mostró toda su aversión hacia Carlos que una vez liberado, a petición de las Cortes de Lérida, marchó a Nápoles en busca de la protección de su tío Alfonso V.

Pero Alfonso muere, en 1458, sin descendencia y Juan II hereda el reino aragonés y los condados catalanes a la avanzada edad de sesenta años. Tras una breve reconciliación con su hijo Carlos, le acusa de traición por mantener tratos secretos con Castilla y ordena su prisión en el castillo de Azcona. Los catalanes, partidarios de Carlos, se sublevaron y Juan se avino a ponerle en libertad. Carlos es nombrado heredero y lugarteniente del Principado y, en virtud de la concordia de Villafranca del Penedés, se le confió el gobierno de Cataluña y se prohibió entrar a Juan II, en el Principado, sin autorización previa.

Carlos se vio forzado a suspender las negociaciones de boda con la hermanastra de Enrique IV de Castilla, Isabel ( la futura reina Católica), por deseo de los catalanes, poco aficionados a las aventuras de esa clase, y solicitó la mano de María de Francia. Durante las negociaciones murió repentinamente, a la edad de cuarenta años (septiembre de 1461) a consecuencia de una infección pulmonar, pero fueron muchos los que creyeron que su muerte fue provocada por envenenamiento, por instigación de Juana Enríquez que, de esta forma, veía despejado el camino hacia el trono de su hijo Fernando. Poco después Fernando era jurado como heredero del reino de Aragón en las Cortes de Calatayud.

Luís XI de Francia, que deseaba hacerse con los reinos de Navarra y Cataluña, alentaba a los partidarios de la independencia de Cataluña al enfrentamiento con Juan II y aunque Juana consiguió que las Cortes Catalanas juraran a Fernando como heredero del Principado, la situación en Cataluña se fue enrareciendo hasta que, en febrero de 1462, estalló la revuelta de los payeses de remensa, dando lugar a la guerra civil.

Un ejército de la Generalitat, bajo el mando de Roger Pallarés, sitió a Juana y a su hijo en su fortaleza de Gerona. Pero la enérgica reina supo defenderse, durante cuatro meses, hasta que llegaron las tropas del rey que, apoyadas por tropas del rey francés, obligaron a levantar el cerco. El precio que se pactó por la ayuda francesa de Luís XI fue de 200.000 doblas de oro, a pagar en el plazo de un año; como garantía de pago se ofrecieron la Cerdaña y el Rosellón que pasarían al reino francés en caso de no efectuarse el pago, como así fue.

Cataluña continuó su guerra contra Juan, ofreciendo el gobierno del Principado a quien mejor ayuda quisiera ofrecerles. Enrique IV de Castilla fue nombrado conde de Barcelona y señor del Principado, pero la nobleza castellana le forzó a abandonar Cataluña a su suerte. La misma oferta recibió el rey Pedro de Portugal y fue el mismo Fernando, con trece años, el que, al mando del ejército, venció en Calaf al portugués, que moría poco después. Juan II, ciego y con setenta años, continuó su acoso, ayudado por su hijo y, al fin, en 1472, consiguió entrar con sus tropas en Barcelona, obligando a los rebeldes a rendirle obediencia (como tantas veces ha tenido que hacer, por la fuerza de las armas, ese pueblo, siempre descontento con la nación a la que pertenece). Juan, por razones de Estado, se mostró clemente con los vencidos, renunció a la venganza y concedió el perdón.

Pero antes de esto, Juan II, se había hecho operar de cataratas en Lérida, había recobrado la vista y se puso a la tarea de propiciar la unión de Castilla y Aragón. Realzó la posición de Fernando nombrándole rey de Sicilia, al tiempo que enviaba emisarios secretos a Castilla con la misión de allanar las dificultades que habían surgido en las estipulaciones matrimoniales. Pocos meses después, él y su hijo, firmaban en Cervera las capitulaciones matrimoniales (7.1.1469) y el rey partía para continuar su guerra contra Cataluña.

Entre los años que mediaron entre la boda con Isabel (1469) y su ascensión al torno de Castilla, a la muerte de Enrique IV el Impotente(1474) Fernando fue reclamado por su padre para que le ayudara, tanto en la guerra contra Cataluña, como, tras la rendición de Cataluña, en la difícil guerra contra Luís XI de Francia para recuperar el Rosellón; en ambas ocasiones contó con el apoyo de las tropas castellanas.

Juana Enríquez no pudo asistir a la boda de su amado hijo, cruel destino, tal vez la venganza de los cielos por su supuesta participación en la muerte del desgraciado príncipe Carlos. Aquella enérgica y caprichosa dama había muerto en 1468, tras una dolorosa agonía producida por un cáncer de pecho.

Juan II, un rey de talento, inquieto y turbulento, sensual y avaro, fue distinguido por sus contemporáneos con el título de El Grande y murió de viejo, a los ochenta y un años de edad. Su hijo Fernando se convirtió en rey de Castilla, de Aragón y Cataluña, de Sicilia y de Nápoles, y su hija Leonor, nacida del matrimonio con Blanca de Navarra, heredó el reino de Navarra. Fernando II de Aragón y V de Castilla y León fue, digno hijo de tales padres, un hábil político y diplomático.

Fuente: www.diomedes.com

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